¿Cuánto Covid-19 queremos?


¿A quién creer? Así terminaba la última entrada. ¿Qué creer? Eso podríamos preguntarnos ahora, o sencillamente si sería mejor no creer nada.

Me gustaría comentarlo en la próxima entrada, pero en esta hay un tema que me parece de gran importancia y altura y que debería ser un tema de actualidad. Es el tema del debate de cual debería ser el equilibrio entre seguridad y libertad en general, y en esta época el equilibrio entre salud y economía.

Puede que haya algunos que prefieran sacrificarse por los demás; al principio de la pandemia salieron las declaraciones de una persona de cierta edad, creo que de USA, diciendo que igual que en las guerras los jóvenes están dispuestos a morir por su país, él estaría dispuesto a arriesgar su vida y a que le contagiaran la enfermedad, con tal de que la economía del país no se paralice por completo.

Los que al principio proponían que el objetivo era la inmunidad de grupo utilizaban un argumento similar, pero con una gran diferencia. No hablan de sacrificarse ellos, sino de sacrificar a otros para conseguir el beneficio del grupo.

En España vemos diferencias de criterio sobre la velocidad de la desescalada pero que en mi opinión no se basan en haber puesto sobre la mesa abiertamente los objetivos que se pretenden.

Cuando se inició el estado de alarma el objetivo era evitar el colapso del sistema sanitario y ganar tiempo para conseguir un remedio de la enfermedad preventivo o curativo. Una vez que parece que mediante el confinamiento se ha conseguido evitar el colapso del sistema sanitario, el "objetivo fundamental del Plan es conseguir que, manteniendo como referencia la protección de la salud pública, se recupere paulatinamente la vida cotidiana y la actividad económica, minimizando el riesgo que representa la epidemia para la salud de la población y evitando que las capacidades del Sistema Nacional de Salud se puedan desbordar. Es decir, la máxima seguridad sanitaria combinable con la recuperación del bienestar social y económico." (Apartado II Objetivos y principios. Plan para la transición hacia una nueva normalidad. Ministerio de Sanidad 28/04/2020).

En su introducción, el mencionado plan viene a decir que el confinamiento se ha mostrado efectivo en el control de la epidemia, pero está teniendo un impacto muy negativo sobre la actividad económica; que las posibles soluciones para hacer frente con efectividad a la enfermedad, como la vacuna , el tratamiento o la alta inmunización de la sociedad, no están disponibles en la actualidad, ni previsiblemente lo estarán en los próximos meses; que según los indicadores, España está en condiciones de avanzar en la desescalada y facilitar una recuperación, lo más rápida posible de la actividad social y económica; que este es un proceso que será largo y sostenido en el tiempo hasta que se consiga controlar la transmisión del virus con las medidas disponibles actualmente o contemos con la vacuna, con un tratamiento efectivo, o hasta que la inmunidad frente al virus alcance un porcentaje de la población suficientemente alto como para que el peligro de contagio quede drásticamente minimizado.

Así, de lo que se trataría es de ir sustituyendo las medidas restrictivas de carácter general por otras de carácter específico que posibliten la vuelta gradual, lo más segura posible a la actividad social y económica.

Lo primero que cabe decir es que los dos objetivos que se quieren hacer combinables -máxima seguridad sanitaria y recuperación del bienestar social y económico- en principio no son combinables. Serían algo así como intentar hacer combinables echar agua y secar, o comer mucho y adelgazar, o echar gasolina al fuego y apagarlo. Sin más serían incompatibles, aunque habría que buscar la forma de hacerlos compatibles. (Si hay que echar agua y a la vez secar, pues habría que impermeabilizar lo que se quiere secar o instalar enormes dehumificadores o lo que sea.)

Digo "en principio" porque parece que lo que se ha venido a llamar "la nueva normalidad" lo que busca es precisamente hacer combinable lo que en principio no lo es. Buscar la forma de echar agua y secar, comer mucho y adelgazar y echarle agua al fuego y apagarlo.

La forma en que se ha expresado no deja claro o al menos no ahonda en la contradicción de los dos objetivos que se quieren hacer compatibles; parece también que se hubiera buscado una cierta ambigüedad para que no quede claro si lo que se busca es el bienestar, a ser posible con máxima seguridad sanitaria, o bien, la máxima seguridad sanitaria a ser posible con bienestar.

La expresión "máxima seguridad sanitaria" quizá no sea muy acertada porque en sentido estricto debería significar reducir los contagios y las muertes a cero, lo que parece que no es el caso, sino como también dice, "minimizar el riesgo" pero no eliminarlo.

En consecuencia, parecería que el verdadero objetivo del plan sería reducir el riesgo que representa la epidemia para la salud de la población hasta un nivel aceptable, razonable o plausible, de modo que esté justificado por la recuperación del bienestar social y económico.

Y en ese punto querría centrar la cuestión,  que claramente es opinable.

La última cifra de muertos diarios por la Covid-19 en España es de 143 (siempre según los datos que se tienen, que seguramente no son los reales). Esto supondría 52.195 fallecidos al año. ¿Es esta una cifra asumible para España? Si todas las regiones hubieran pasado a la fase 1 (aunque quizá este argumento sea un disparate) se podría considerar que sería una cifra que el gobierno consideraría aceptable. Supondría unos 8,5 millones de muertes al año en todo el planeta, con lo que la población mundial seguiría creciendo unos 71,5 millones de personas al año.

El máximo de muertes diarias en España llegó a cerca de 1.000 sobre el 4 de abril, lo que supondría unas 365.000 al año en España, lo que extrapolado al planeta supondría más de 59 millones de muertes con lo que a pesar de todo la población mundial seguiría creciendo en más de 21 millones de personas.

La respuesta a cual sea ese nivel plausible es algo muy difícil de ofrecer; e incluso me parece muy difícil hacer una lista de los criterios que se deberían tener en cuenta, aun sin ponderarlos.

Aunque ese será un tema para la próxima entrada, o para una próxima entrada porque tenemos al menos otro tema pendiente.

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